NOTAS HISTÓRICAS SOBRE EL ESPACIO DE LA PLAZA DE LA HISPANIDAD: UN ARTÍCULO DEL HISTORIADOR HERMINIO LEBRERO
Dada la actual polémica establecida
en Cuenca sobre la proyectada remodelación del histórico Jardinillo del Monumento
a los soldados conquenses muertos en la Guerra de África que se ubica en la Plaza
de La Hispanidad de la ciudad, a la Asamblea de la Real Academia Conquense de
Artes y Letras le ha parecido oportuno y conveniente la publicación en este
blog del documentado artículo que el historiador y profesor Herminio Lebrero –autor
entre otros títulos del interesante volumen “Lugares de Memoria
Institucionalizada en Cuenca, 1877-2017”– ha redactado sobre el nacimiento y desarrollo
de este espacio ciudadano y sus valores patrimoniales, pese a que su extensión
supere la habitual en estas publicaciones. A continuación se lo ofrecemos en su
integridad incluyendo sus complementarias imágenes ilustrativas.
Hispanidad.
Herminio Lebrero Izquierdo
mayo de 2026
I. El
espacio, el jardín de la Plaza de la Hispanidad.
El
décimo capítulo de una obra reciente, España Monumental. Una historia a
través del Patrimonio[1], lleva por título “Cuenca.
Toda la historia de España en un solo lugar”. Rastreando sucesivas capas
superpuestas o anejas en la provincia y su capital, el autor realiza un
completo recorrido histórico desde la antigüedad hasta hoy donde muestra las abundantes
posibilidades que aquí se ofrecen al respecto. Si un ejercicio análogo al que se
propone en esta obra se limitara a la etapa contemporánea, pocos espacios
urbanos de una y otra ofrecen la posibilidad de efectuar un recorrido tan
completo por la historia reciente de España como el de la denominada ahora plaza
de la Hispanidad. El jardinillo que en ella acoge el monumento dedicado a los
conquenses muertos en la Guerra de África (1921-1927) ha reflejado con sus
sucesivos cambios de nombre la evolución política de España a lo largo del
convulso siglo XX. Muy posiblemente a
principios de la centuria se organiza en el centro de esta zona urbana un
pequeño espacio verde conocido como Jardín de San Francisco por estar situado
junto a la iglesia y el convento desamortizado puestos bajo esta advocación y al
lado del Campo homónimo. Una postal de una serie dedicada a Cuenca,
anterior a 1906 [2], muestra lo que parece una
superficie de reciente creación si se tiene en cuenta el tamaño de las especies
plantadas en torno a un elemento circular que, a modo de jardinera ornamental,
ocupa el centro de un perímetro triangular delimitado por una valla metálica de
escasa altura. La creación de este jardín se inscribe en la tímida renovación
de la parte baja de la ciudad que, poco a poco, iba expandiéndose entonces. Su origen
parece estar asociado por tanto al proyecto municipal de reforma urbanística realizado
en 1904 por el que se intervenía en la alineación del callejón de la
Misericordia que comunicaba las actuales calles de Carretería y Colón 3,
con el fin de que viniese a confluir más o menos enfrente del reciente Jardín
de San Francisco. Se produjo entonces una paulatina renovación urbana marcada
por varios hitos arquitectónicos que respondían a distintas motivaciones. Viene
a ser, en consecuencia, un reflejo significativo de la realidad social de la
Cuenca de la Restauración, donde, de forma parecida aunque bastante más
limitada sin duda que en otras ciudades, se intenta hacer frente a problemas
diversos de la población, viejos y nuevos, disponiendo adecuados recursos
urbanísticos desde mediados de la década de los ochenta del siglo XIX hasta
finales de los años veinte del XX, situados todos próximos a la Plaza de San
Francisco y su jardín. Las Escuelas Aguirre vendrán a remediar en parte las
necesidades educativas de una población mayoritariamente pobre y analfabeta. El
Teatro Ideal Artístico[3] acogerá las nuevas formas de
ocio. Pequeña pero creciente, la burguesía media encontrará alojo a su medida
en la Casa Caballer [4]. Para refuerzo del aparato
administrativo del estado se concluirá el Palacio de la Diputación. El Hotel
Iberia acogerá con novedad y confort a los viajeros que se lleguen a la ciudad atraídos
por el tímido y desigual crecimiento económico lentamente experimentado entonces.
Imagen
1. Jardín de San Francisco antes de 1906. Fuente: VV. AA, Tarjetas postales de
la ciudad de Cuenca, 1897-1936, Cuenca, Diputación Provincial, 2004, p. 54.
Imágenes
2 y 3. Plaza de San Francisco, década de 1910. Fuente: VV. AA, Tarjetas postales
de la ciudad de Cuenca, 1897-1936, Cuenca, Diputación Provincial, 2004, pp.
74-84.
A lo largo de las siguientes décadas el
espacio seguirá cambiando de nombre de acuerdo con los sucesivos cambios
políticos. En octubre de 1924, ya en plena dictadura de Primo de Rivera, la
colocación de la primera piedra del monumento a los conquenses muertos en la
guerra del Rif por parte de la infanta María de la Paz y Borbón, motivó que las
autoridades primorriveristas pusieran su nombre a la plaza.
Con
la II República, coincidiendo con la restaurada procesión cívica celebrada el
15 de julio de 1931en recuerdo de las víctimas del asalto carlista a Cuenca en
julio de 1874, que había sido suspendida desde 1925, la plaza volvió a cambiar
de nombre. Adoptó entonces el del capitán Fermín Galán, uno de los militares
sublevados en Jaca para proclamar la República en diciembre de 1930, en cuyo
honor fue colocada una placa.
Imagen
4. Plaza de la Infanta Paz entre 1927 y 1931. Fuente: VV. AA, Tarjetas
postales de la ciudad de Cuenca, 1897-1936, Cuenca, Diputación Provincial,
2004, p. 197.
Al
concluir la guerra civil, las autoridades franquistas procedieron de inmediato a
sustituir los nombres de muchas calles y espacios públicos por otros más
acordes con los valores del nuevo régimen. Así, la plaza de Fermín Galán se
convirtió en la del Generalísimo Franco por acuerdo de la Comisión Gestora
Municipal del 3 de abril de 1939, sólo dos días después del fin oficial de la guerra.
La placa dedicada al mártir republicano fue sustituida por otra con la efigie
bélica de Franco de perfil curiosamente pertrechado de un casco de diseño nazi.
Este bajorrelieve en bronce, encargado al escultor Marco Pérez, perduró hasta
la rehabilitación de la casa Caballer realizada a comienzos del presente siglo.
Desde
los años sesenta del siglo pasado[5] en el jardín de la llamada Plaza
del Generalísimo comenzó a instalarse un Belén, muy frecuentado desde entonces por
los niños conquenses y sus familias, compuesto por docenas de figuras de notable
tamaño. Alguna referencia digital sin documentar data en 1962 el inicio de esta
práctica que sigue todavía realizándose.
Imagen
5. Belén de la Plaza del Generalísimo, ¿años 60? Fuente:
https://www.facebook.com/photo/?fbid=8829554523801641&set=gm.90066924927583
59&idorvanity=832378923523131
Con
la recuperación de la democracia, la primera corporación socialista posterior a
la dictadura franquista procedió en enero de 1992 a un nuevo cambio en el
callejero y la plaza pasó entonces a llamarse de la Hispanidad [6]. En junio de 2012, como
resultado de la peatonalización de la zoma, así como de la calle Carretería y otras
aledañas, la parada de taxis que ocupaba uno de los laterales del jardín se vio
desplazada a otro sitio[7]. Poco años después, la
corporación municipal presidida por Ángel Mariscal añadió un nuevo elemento a
este espacio conmemorativo. La decisión adoptada en aquel momento seguía la iniciativa
de José María Aznar llevada a cabo en la plaza de Colón de Madrid en 2002. Se
alzaría allí un mástil elevado para hacer ondear en él una bandera de España de
enormes proporciones que desde junio de 2017 resignificaría en parte los usos
del espacio al convertirlo en habitual escenario de homenajes castrenses y
actos de exaltación dedicados al Ejército y la Guardia civil.
Imagen
6. Actos por la semana de la Guardia Civil de septiembre de 2025. Fuente: Las Noticias de Cuenca.
II.
El monumento
La
dictadura impuesta tras el golpe de Estado protagonizado por el general Miguel Primo
de Rivera en septiembre de 1923, como va dicho, dejó también su impronta en el
hasta entonces Jardín de San Francisco. El monumento a los soldados de la
provincia de Cuenca caídos en la Guerra del Rif establecería finalmente una
memoria institucionalizada destinada a subrayar la pacificación final de
Marruecos, el mayor éxito militar logrado por el dictador. Si bien en la fecha
en que se inició el proyecto el Rif distaba mucho de hallarse en paz, el
retraso en las obras y su coincidencia con las campañas militares de 1925 y
1926 dotó al conjunto escultórico de una significación añadida a la de honrar a
los soldados muertos inicialmente planteada [8].
La
idea de la construcción del monumento fue del gobernador civil Domingo Villar
Grangel. En septiembre de 1924 el Ayuntamiento se interesaba por el coste de la
estatua que tendría como título “Cuenca” 10. El 26 de octubre de
1924 se ponía la primera piedra en un acto al que asistieron, junto con la
Infanta María de la Paz de Borbón, las consabidas autoridades civiles y
religiosas, entre las que se encontraban el comandante general de los somatenes
y un vocal del Directorio Militar. La ceremonia se convirtió en un acto de
exaltación de la dictadura y el ejército recogida así por el Boletín Oficial de la Provincia de Cuenca
(BOPC):
“(…)
el pueblo conquense a iniciativa de su actual Gobernador civil, quiere erigir
para perpetuarla memoria de los soldados
de esta provincia que en cumplimiento de sus
deberes militares, jurados por el honor de la bandera nacional,
ofrendaron sus vidas en la lucha cruenta
y constante sostenida por nuestra amada Patria, para cumplir la misión
conferida a España sobre el protectorado y civilización de la zona del Riff en
el territorio de Marruecos, procedióse a
la colocación de la primera piedra (…) Acto continuo, por el Señor Gobernador civil se pronunció un
elocuente discurso enalteciendo la misión de
España y la significación moral y patriótica del monumento.“ [9]
La
visita de la hermana de Alfonso XII propició que la plaza donde se situaría el monumento
cambiara de nombre y de estar dedicada a San Francisco la plaza pasó a llamarse
de la Infanta Paz. La obra se encargó al escultor Luis Marco Pérez y se inició
una suscripción pública para sufragarla. Aportaría las primeras diez mil
pesetas la Junta de Socorro de los soldados de África, creada en 1921 para
socorrer a los soldados conquenses destinados en Marruecos. La grandilocuencia
del acto del 26 de octubre se mantuvo en el discurso oficial. Días después el
gobernador civil exhortaba a la donación de dinero para la construcción del
monumento con estas palabras: “Esperamos, hijos de la provincia de Cuenca, que,
con el mismo interés patriótico, habréis de saber contribuir a este solemne
recuerdo en honor de los soldados hijos de la provincia que rindieron su vida
en el holocausto de la Patria” 12.
Las
expectativas de las autoridades provinciales en cuanto a los resultados de la
suscripción se vieron pronto defraudadas. Una cosa era colaborar en todo tipo
de colectas destinadas a los soldados conquenses en Marruecos, tal como la
ciudadanía llevaban haciendo desde el desastre de Annual, en julio de 1921, y
otra muy distinta aportar para un monumento iniciado, además, cuando el
cansancio se habría generalizado tras las varias cuestaciones realizadas con
este fin humanitario. El 9 de septiembre de 1925 la responsabilidad de erigir
el monumento pasaba a ser del Ayuntamiento de Cuenca[10].
Casi un año después de iniciarse la colecta tan sólo se habían conseguido
reunir 13.506,40 pesetas. Descontando la suma aportada por la Junta de Socorro,
la provincia sólo había ayudado con 3.500 pesetas, lo que contrasta con las
26.000 reunidas en un plazo mucho menor por la Junta de Aguinaldo del Soldado
para 1924-1925. En consecuencia, el Ayuntamiento se hizo cargo de edificar el
monumento y se nombró una comisión al efecto[11].
La descripción del boceto de la obra efectuado por marco Pérez, señalaba el
sentido que esta tendría:
“(…) figura alegórica de la gloria que acoge
en su seno el cuerpo inerte del héroe que ofrendó su vida defendiendo el honor
patrio y se la ofrece su hermano alegórico de la vida que continuará
defendiendo tan santa causa. En la parte posterior del pedestal se representa a
la madre que ofrece a su hijo a la patria y que será el soldado del futuro, y
como complemento a lo descrito en la parte anterior del pedestal la inscripción
y el escudo de Cuenca, en los lados laterales del mismo los escudos de las armas
combatientes[12] y
orlando el zócalo motivos de piñas simbolizando la flora del país.” [13]
El
presupuesto del conjunto ascendía a 36.000 pesetas, de las que 9.718 ya habían
sido entregadas al escultor, quien tendría un plazo de ejecución de seis meses[14]. En el mismo pleno del
Ayuntamiento de Cuenca, presidido por el alcalde Cayo F. Conversa, se acordaba
construir el monumento y se decidía que todo lo que pudiera ser recaudado para
tal fin no sería sometido a los trámites que para ingresos y gastos municipales
establecían los preceptos legales. El proyecto y su desarrollo no escaparon a
las críticas, lanzadas por Rodolfo Llopis desde el periódico madrileño El Sol, cuestionando las motivaciones
del memorial, la forma de financiarlo, y la utilización política del mismo:
“Hace poco tiempo tuvimos
un gobernador que, al recorrer la ciudad, debió sorprenderse de no ver en
plazas ni jardines ningún monumento- Una ciudad sin monumentos -debió decirse-
no tiene razón de ser. Hay que erigir un monumento. ¿Tema?... ¿Motivo?...
Inmediatamente
surgió uno: “A los soldados conquenses muertos en África”. Pero un monumento
cuesta dinero, mucho dinero. ¿Dinero?... No había que apurarse. ¿No existe una
Junta provincial para socorrer a los soldados herido o enfermos de en África,
que tenía bastantes fondos? Pues de esa junta sacaba diez mil pesetas, con la
que podría encabezarse la suscripción pública. Lo demás, lo demás ya se
recogería en los pueblos, en la Diputación y en los Ayuntamientos mediante
suscripción voluntaria. De ello quedaban encargados los delegados gubernativos.
Así se hizo (…) La colocación de toda primera piedra da siempre motivo para
vistosas ceremonias y pomposos discursos. Asistió la infanta doña Paz, hubo
fiesta somatenista, un acto de Unión Patriótica, y aunque la lluvia deslució el
programa, la primera piedra se colocó en uno de los pocos jardinillos que
tenemos, para lo que fue preciso arrancar una de las tres fuentes, más o menos
artísticas, que hay en la ciudad. El escultor (…) presenta su proyecto de
monumento. El proyecto resulta sencillo: sobre un pedestal, un grupo
escultórico (…) El grupo, lleno de emoción, es humano, sencillamente humano.
Primero se dijo que tenía poco carácter guerrero. Después se habló del desnudo;
que la bandera que, a guisa de sudario, lo cubría, era poco, y que era preciso
vestirlo… Por último, se impuso el buen sentido y se respetó la obra del
escultor. Pero la dificultad mayor para su realización no estaba, al parecer, en
la falta de carácter guerrero ni en la falta de ropa de las figuras, sino en la
falta de dinero. La suscripción se estableció en las 18.000 pesetas; la fuente
había desaparecido; en el jardinillo, junto a la primera piedra, se amontonan
unos bloques de piedra para el pedestal; pero las obras están paralizadas desde
hace un par de meses… ¡No hay dinero! El Ayuntamiento y la Diputación acaban de
ocuparse de esta cuestión. Ya que los pueblos no han contribuido a esa
suscripción, la Diputación contribuirá por ellos, consignando en sus
presupuestos 8.000 pesetas. Y el Ayuntamiento de la ciudad se compromete a aportar
la cantidad necesaria hasta completar las 36.000 pesetas que va a costar el
monumento. Ya está todo resuelto. Dentro
de poco volveremos a trabajar. Ya está, al parecer, asegurado el monumento. Sin
embargo, son muchos todavía los que creen que tenemos monumento para rato y se
contentan con poder presenciar la inauguración, sin que crean que ello supone
ningún caso de longevidad. Es mucho más fácil colocar una primera piedra que
tirar del cordón que ha de descubrir el monumento.” [15]
Más
allá de las dificultades económicas que tuvo la construcción de la estatua,
Llopis hacía hincapié en tres aspectos: el uso de dinero procedente de la Junta
Provincial de Socorros, que inicialmente había sido recaudado para ayudar a las
familias de los soldados conquenses muertos y a los heridos. El poco entusiasmo
con que el proyecto fue recibido en la provincia comparado con lo obtenido en
suscripciones anteriores. Y al fin además, la utilización por parte de los
autoridades de un lenguaje legitimador y de exaltación de la dictadura, como muestra
la participación y el protagonismo que el somatén y la Unión Patriótica
primorriverista tuvieron en el acto de colocación de la primera piedra.
Imagen
7. Monumento. Primeros años treinta. Fuente: VV. AA, Tarjetas postales de la
ciudad de Cuenca, 1897-1936, Cuenca, Diputación Provincial, 2004, p. 155.
La
escultura fue instalada en una fecha indeterminada, probablemente de 1927, y
aunque el año que aparece en la inscripción de su pedestal sea el anterior [16], lo cierto es que, en
diciembre de 1926, El Día de
Cuenca se refería a la inminente inauguración del monumento: “(…) su Plaza
de San Francisco, donde muy pronto podremos admirar el artístico monumento
dedicado al Soldado conquense, obra del ilustre artífice, hijo de la provincia,
Marco Pérez” [17]. En todo caso, en octubre
de 1927 el monumento serviría de como escenario al acto final que, en relación
con la guerra, llevó a cabo el régimen de Primo de Rivera en Cuenca.
El
monolito inaugurado en 1877, erigido no lejos, evocaba los desmanes cometidos durante
el asalto a la ciudad llevado a cabo por las tropas carlistas en 1876, y con
toda probabilidad suponía un incómodo lugar de memoria, por su simbología opuesta
a la reacción, para las nuevas autoridades locales. Se aprovecharía pues la
ocasión para contrarrestar su significado cívico habilitando otro lugar de
memoria que exaltara tanto a la dictadura de Primo de Rivera como a un ejército
deseoso de imponer un lenguaje épico y unívoco frente al cuestionamiento de que
venía siendo objeto desde la catástrofe de Annual.
El 12
de octubre de 1927, Día de la Raza, se celebraron distintos actos coincidiendo
con que el gobierno dio por terminada entonces la Guerra de Marruecos. El
programa de los “Festejos como homenaje al soldado de África el 12 de octubre,
fiesta del Pilar y de la Raza” incluía entre sus actos la celebración de una
manifestación que desde el Ayuntamiento recorrería la ciudad, por las mismas
calles que siempre lo había hecho la de 15 de julio, hasta el memorial recién emplazado,
donde se depositaría una corona.[18] Tras la prohibición de celebrar
la manifestación cívica del 15 de julio en los años anteriores, no cabe
interpretar esto sino como el intento de sustituir un lugar anterior de la
memoria patrocinando otro. En su proclama del día 11 de octubre, el alcalde
accidental Francisco Sandoval, no dejaba lugar a dudas del verdadero sentido
propagandístico y laudatorio para con el Directorio que la fiesta tendría:
“(…) es llegado el
instante de exteriorizar nuestro afecto a los gobernantes que con su pericia
han dado cima a tal empresa, a los caudillos y soldados que con su valor
secundaron sus planes y al mismo tiempo dedicar una oración por los que
generosamente inmolaron su vida en holocausto de la madre patria”23.
La
participación en la celebración del 12 de octubre en Cuenca fue, según las
crónicas, multitudinaria. El Día de
Cuenca [19]
estimaba en 5.000 los asistentes a la manifestación cívica, cifra quizás un
tanto abultada pues, aunque no hay duda de que los actos fueron un éxito, parece
no obstante que fracasaron al mismo tiempo. Era muy diferente obtener una
masiva participación en un acto concreto asociado en muchos casos a
experiencias personales, que el establecimiento de una nueva tradición ligada
al nuevo régimen, incapaz de competir con el simbolismo político de unos actos,
los de 15 de julio, celebrados sin interrupción durante el anterior medio
siglo. La falta de un proyecto político evidente sustentado en una ideología clara,
tanto como el decreciente apoyo popular a la Dictadura, influyeron sin duda en
que, ni en 1928 ni tampoco al año siguiente, el Ayuntamiento primorriverista
intentara repetir actos semejantes al de 1927 y el monumento a los soldados de
África, aunque sobrevivió a los distintos cambios políticos, se mantuvo ajeno a
todos ellos.
III.
La valla.
Desde
las primeras imágenes del jardín de la Plaza de San Francisco se aprecia una
verja rodeando el espacio. Su estilo se muestra influenciado por el del modernismo
vigente, como tantas otras rejas y balcones de la Cuenca del momento. Las
sucesivas fotografías del espacio a lo largo de las siguientes décadas presentan
la misma verja, sin que aparentemente que haya sufrido esta alteración alguna
en sus aproximadamente 120 años de existencia.
Constituye
sin duda un elemento inherente al espacio de la Plaza de la Hispanidad que, a
pesar de los múltiples cambios y trasformaciones experimentados por el entorno,
se ha mantenido inalterado hasta ahora. Por otro lado, si se retirase, además
de dificultar la instalación del Belén navideño en su ubicación tradicional, daría
pie a que el monumento sufriese actos vandálicos. Pues, si bien es cierto que
la valla, dada su escasa altura, no supone un impedimento físico real para
acceder al área ajardinada, no lo es menos que parece haber servido como factor
de inhibición frente a las agresiones padecidas por otros monumentos coetáneos
y de la misma índole, como la estatua de doña Gregoria de la Cuba y Clemente, la
del “Hombre de la Sierra”, que tuvo que ser retirada del Parque de San Julián
dado el riesgo que corría, o el monumento dedicado a don Lucas Aguirre, todos
ubicados en espacios sin protección alguna como reflejan las lamentables imágenes
que siguen recogidas de la prensa local.
https://cuencaenelrecuerdo.es/laguirre.php
[1] Eduardo Moreno Manzano, España Monumental. Una historia a través
del patrimonio, Barcelona, Crítica, 2025.
[2] VV. AA, Tarjetas postales de la
ciudad de Cuenca, 1897-1936, Cuenca, Diputación Provincial, 2004, p. 54.
3 Miguel Ángel Troitiño, Cuenca. Evolución y crisis de una vieja
ciudad castellana, Madrid, Universidad Complutense, 1984 pp. 410-412.
[3] José Luis Muñoz, La Fraternal y los fantasmas del teatro
Cervantes. Con algunas notas del Teatro en Cuenca, Cuenca, Ediciones
Olcades, 2016 p. 34.
[4] José Luis Muñoz, Rafael de la
Rosa, La Casa Caballer. Un símbolo
urbanístico de los años 20, Cuenca, Ediciones Olcades, 2009.
[5] https://ayuntamiento.cuenca.es/noticia/inaugurado-el-belen-de-la-plaza-de-la-hispanidad-con-todassus-figuras-restauradas
[6] Herminio Lebrero Izuierdo, Lugares de Memoria Institucionalizada en
Cuenca. La Historia que perdura, Cuenca, UCLM, 2018, pp. 75, 82, 88 y
138-139.
[7]
https://ayuntamiento.cuenca.es/noticia/el-miercoles-se-trasladara-la-parada-de-los-taxis-al-parquede-san-julian-y-el-jueves-se-cerrara-al-trafico-la-plaza-de-la-hispanidad
[8] Las
páginas siguientes son un extracto de Herminio Lebrero Izquierdo, Lugares de Memoria…, pp. 74-80
10 Archivo Municipal de Cuenca,
(AMCU). Leg. 2285-2, 16 de septiembre de 1924 (Libro de actas del Ayuntamiento de
Cuenca)
[9] Archivo
de la Diputación Provincial de Cuenca, (ADCU), BOPC, 31 de octubre de 1924. 12ADCU, BOPC, 10 de noviembre de 1924.
[10] AMC. leg. 2285-2, Libro de actas
del Ayuntamiento de Cuenca, 9 de septiembre de 1925.
[11] Formada por Francisco Prieto,
Fernando de Alcántara, arquitecto municipal, y Darío Castillo, tesorero
depositario de los fondos. AMC, leg. 2285-2, Libro de actas del Ayuntamiento de
Cuenca, 9 de septiembre de 1925.
[12] En los laterales del pedestal se
instalarían sendos escudos de bronce con los emblemas de los cuerpos de
caballería e infantería en un lado y artillería e ingenieros en el otro.
[13] AMCU. Leg 2307-4, Libro de actas
del pleno del Ayuntamiento de Cuenca, 21 de septiembre de 1925. Se dice que el
modelo que sirvió a Marco Pérez para realizar la figura del héroe muerto fue un
tal César, apodado “Pambarato”, que sería miliciano anarquista durante la
Guerra Civil y en cuyo transcurso murió. Ana Belén Rodríguez Patiño y Rafael De
la Rosa Rico, Represión y Guerra Civil en
Cuenca. Cuenca, Edición de los autores, 2009 p. 162.
[14] El presupuesto se desglosaba en:
Cimentación, base y pedestal, 8.000 pts., mármol de carrara del grupo
escultórico, 15.000 pts., fundición en cobre, 7000 pts., modelos y materiales
para la ejecución del original, 1.500 pts., por modelar la parte escultórica
4.500 pts., en AMC, leg 2307-4, Libro de actas del pleno del Ayuntamiento de
Cuenca, 21 de septiembre de 1925.
[15] Rodolfo Llopis, “Otra vez el
monumento” en El Sol, 28 de
septiembre de 1925.
[16] José Benedicto Sacristán afirma
erróneamente que el rey Alfonso XIII asistió a la inauguración del monumento
durante su visita a Cuenca del 16 de junio de 1926 en Luis Marco Pérez (1896-1983) Vida y obra del escultor. Valencia,
1985 p.27. Sin embargo, en La Voz de
Cuenca, 21 de junio de 1926, se reseña que el escultor fue presentado al
rey. El Día de Cuenca, 17 de junio de
1921, traía la misma información, añadiendo que el rey había prometido a Marco
Pérez que acudiría a la inauguración del monumento “al soldado de Cuenca”.
[17] “Sentimientos conquenses” en El Día de Cuenca, 8 de diciembre de
1926.
[18] AMC, leg
2292-2, exp. 4.
23 AMC, leg.
2292-2. exp.4.
[19] El Día de Cuenca, 13 de octubre de 1927.





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